Ayer iba
caminando por la calle y de repente vi que un grupo de chicos negros cruzaban la esquina. Rápidamente fui al otro lado de la acera,
sentí miedo, caminé unos pasos más y al mirar hacia atrás los vi entrar jugando
a la escuela. Vaya, otra vez, mis prejuicios vuelven a jugar conmigo, pero esta vez sentí vergüenza
de mi actitud y comencé a pensar las veces que he sido víctima de estas falsas
creencias.
Uno de los
factores determinantes del prejuicio es la necesidad de autojustificación.
También lo son el status y el poder. Son suficientes 0,2 segundos para formarse
una imagen en la mente de una persona nada más verla sin conocerla previamente.
Tal vez sea un proceso natural humano, llámese hemisferio derecho, pero también
se puede aprender a gestionar, llámese coherencia entre hemisferios, coherencia
entre creatividad y raciocinio. La cuestión es, ¿queremos hacerlo?, por lo general queremos seguir aferrados a lo que ya conocemos y creemos, sin importar que cause daño y dolor.
Pero, ¿cuál es
proceso que lleva a una persona a formarse impresión desfavorable de otra sin
conocerla?
Los prejuicios pueden dividirse en dos procesos: la
categorización y los estereotipos. Un ejemplo de los primeros puede ser cuando
entramos en un hospital y buscamos una persona que encaje en la categoría de
enfermera o médico para, de forma rápida, resolver una situación determinada.
Todos los seres humanos categorizamos el mundo que nos
rodea para poder manejarlo y entenderlo mejor, el problema está en que la
clasificación social hace que se exageren las diferencias entre personas, de
manera que todos los miembros de un grupo nos parecen iguales. Piensa por un
momento, ¿qué imagen viene a tu mente cuando piensas en un camarero, un
cocinero o un abogado?
Por otro lado
tenemos a los estereotipos, que van más allá e incluyen características de la
personalidad, emociones, aficiones, gustos, etc. Así alguien puede pensar que
todos los políticos son corruptos o todos los homosexuales son afeminados.
Ahora bien, la base de los prejuicios suele ser los
estereotipos y estos se pueden formar mediante la experiencia de vida
estableciendo lo que en psicología se denomina ‘correlación ilusoria’, que no es otra cosa
que creer que todos los japoneses andan con una cámara tomando fotos.
Por otro lado, el
miedo a lo desconocido nos hace establecer estereotipos positivos o negativos, como
por ejemplo lo primero que nos sucede al llegar a otro país, cuando llegue por
primera vez a España hace cinco años de vacaciones, fue pensar que todos los
españoles hablaban fuerte o siempre estaban de fiesta. Así mismo, el
aprendizaje es otro elemento importantísimo y ahí los medios de comunicación
juegan un papel muy importante. En los últimos años la etiqueta de ‘generación
nini’ va tomando fuerza, y hasta que no estudias y trabajas con los jóvenes
españoles no te enteraras en realidad del gran valor y sentido de
responsabilidad que tiene la gran mayoría.
Por último, ¿cómo podemos cambiar los esquemas mentales y
ese yo prejuicioso que nos aleja de la diversidad y el aprendizaje?
·
Conviértete en el observador de tus
pensamientos, cuando tus estereotipos se repitan, visualízate en la misma
situación, trabaja la empatía.
·
No compartas comentarios desagradables contra
determinadas personas y grupos, sé un agente de cambio.
·
Se coherente, no contribuyas con empresas u
organizaciones que no respetan los derechos humanos.
·
Para los padres: permitir que sus hijos
conozcan actividades que hacen otras personas les hará crecer y abrir su prisma
sobre la diversidad humana.
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Disfruta caminando por la calle y viendo con
todos tus sentidos que el mundo es un espacio abierto a las diferencias.
·
Acepta que es difícil entender todo y
compartir todo.
·
Pero lo más importante, comprométete a cambiar, nuestro cambio produce en las personas que
nos rodea un bello efecto multiplicador.
